Evangelio según San Juan

Introducción al libro

Juan comienza antes de Belén: presenta a Jesús como el Verbo que estaba con Dios y era Dios, por quien fueron hechas todas las cosas y que se hizo carne para habitar entre nosotros (Juan 1:1 a 3 y 1:14). Después nos conduce por sus encuentros, señales, enseñanzas, muerte y resurrección. El propio Evangelio declara su propósito: que el lector crea que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que, creyendo, tenga vida en su nombre (20:30 a 31).

Autor y testimonio antiguo

El texto no nombra a su autor al comienzo. En su tramo final identifica como testigo al «discípulo a quien Jesús amaba» y afirma que su testimonio es verdadero (21:20 a 24). Aparece cerca de Jesús en la última cena y junto a la cruz, y llega al sepulcro con Pedro (13:23; 19:26 a 27; 20:2 a 8). No se le da nombre en esos pasajes. La expresión «sabemos que su testimonio es verdadero» en 21:24 permite reconocer una voz que avala ese testimonio, sin precisar por sí sola cómo se redactó la forma final del libro.

La tradición cristiana antigua atribuye el Evangelio a Juan, hijo de Zebedeo. Ireneo de Lyon afirma que Juan, discípulo del Señor, lo publicó mientras residía en Éfeso. Es un testimonio histórico relevante, aunque la identificación del discípulo amado con el apóstol Juan y la intervención exacta de otras personas en la composición siguen siendo discutidas. Conviene distinguir entre lo que el libro dice expresamente y la atribución transmitida por la tradición.

Fecha lugar y lectores

No conocemos la fecha exacta de su redacción. Una propuesta frecuente sitúa su composición final hacia las últimas décadas del siglo I, aunque se han defendido fechas anteriores y algunos estudios consideran posible una redacción por etapas. Éfeso procede del testimonio de Ireneo como lugar asociado a Juan; el Evangelio mismo no indica dónde fue escrito.

El relato conoce las Escrituras de Israel y las fiestas judías, pero también explica algunos nombres y costumbres para lectores que quizá no los conocían (1:38 y 1:41; 4:9; 19:40). Se dirige así a una comunidad abierta a lectores de diversas procedencias. Su invitación a creer alcanza a cualquiera que escuche el testimonio acerca de Jesús.

Jesús el Hijo que revela al Padre

En Juan, Jesús no es solamente un maestro enviado por Dios. El prólogo afirma la divinidad del Verbo y su verdadera encarnación; a lo largo del relato, el Hijo da a conocer al Padre con sus palabras y obras (1:18; 5:19 a 23; 14:9). Su afirmación «Yo y el Padre uno somos» (10:30) expresa una unidad que no borra la distinción entre el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo, a quien Jesús promete enviar, enseñará y recordará a los discípulos sus palabras y dará testimonio de él (14:26; 15:26).

Las señales muestran algo más que poder: invitan a reconocer quién es Jesús. El agua convertida en vino manifiesta su gloria (2:11); la curación del ciego abre una conversación sobre la verdadera visión (capítulo 9); y la resurrección de Lázaro anticipa su autoridad sobre la muerte (capítulo 11). Juan relata también la incomprensión y el rechazo. La vida que ofrece Jesús se recibe por la fe, una confianza que llama a permanecer en Su palabra y a amar a los demás (3:16; 8:31; 13:34 a 35).

Forma y recorrido del relato

Juan comparte con los otros Evangelios el anuncio de Jesús, su muerte y su resurrección, pero selecciona escenas y desarrolla diálogos que presentan con especial amplitud su identidad y su relación con el Padre. Imágenes como el pan, la luz, el pastor y la vid ayudan a comprender lo que significa recibir Su vida. El propio autor reconoce que ha escogido algunas señales entre muchas otras (20:30; 21:25).

Una guía de lectura distingue el prólogo (1:1 a 18), el ministerio público y las señales que suscitan fe y oposición (1:19 a 12:50), la última cena y la enseñanza a los discípulos (capítulos 13 a 17), y la pasión, resurrección y encuentros con el Resucitado (capítulos 18 a 21). La llamada «hora» de Jesús, anunciada durante su ministerio, llega en su entrega y glorificación (12:23; 13:1; 17:1). Esta división orienta la lectura sin imponer fronteras rígidas a un relato unido de principio a fin.

Para comenzar la lectura

Juan invita a acercarse a Jesús con la honestidad de Nicodemo, la sed de la mujer samaritana y las preguntas de Tomás. La fe no exige fingir que ya se entiende todo: nace al escuchar el testimonio y reconocer, a través de las palabras y los actos de Jesús, al Hijo que revela al Padre. Al cerrar el libro, permanece la pregunta que lo atraviesa: ¿quién es Jesús para nosotros y qué significa recibir la vida que él ofrece?

Fuente antigua citada: Ireneo de Lyon, Contra las herejías 3.1.1. Las referencias bíblicas corresponden al Evangelio según San Juan salvo indicación contraria.

Juan Cid