Reflexiones sobre la Agenda 2030

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La Agenda 2030 es un programa de cooperación internacional aprobado por los Estados miembros de la ONU en 2015. Contiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas, orientados hacia 2030. Oficialmente pretende combatir la pobreza y el hambre, mejorar la salud y la educación, reducir desigualdades, proteger el medioambiente, promover la paz y fomentar la cooperación internacional. Sus metas son globales y aspiracionales, y cada Estado decide cómo incorporarlas a sus propias políticas. Texto oficial de la Agenda 2030

Sus objetivos principales

Los diecisiete objetivos pueden resumirse así:

  1. Erradicar la pobreza.
  2. Acabar con el hambre.
  3. Promover la salud y el bienestar.
  4. Garantizar una educación de calidad.
  5. Alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.
  6. Garantizar agua limpia y saneamiento.
  7. Facilitar energía asequible y sostenible.
  8. Promover trabajo digno y crecimiento económico.
  9. Desarrollar industria, innovación e infraestructuras.
  10. Reducir las desigualdades.
  11. Crear ciudades sostenibles.
  12. Fomentar una producción y un consumo responsables.
  13. Actuar frente al cambio climático.
  14. Proteger los océanos.
  15. Proteger los ecosistemas terrestres.
  16. Promover la paz, la justicia y unas instituciones eficaces.
  17. Fortalecer la cooperación mundial.

Aspectos compatibles con principios bíblicos

Muchos de estos objetivos, considerados aisladamente, no son contrarios a la Biblia. Combatir el hambre, atender al pobre, procurar justicia, defender al oprimido, cuidar la creación y evitar la explotación corresponden a responsabilidades enseñadas en las Escrituras.

Dios manda hacer justicia al necesitado (Isaías 1:17), compartir el pan con el hambriento (Isaías 58:7), socorrer a quienes padecen necesidad (Santiago 2:15 a 17) y administrar responsablemente la creación (Génesis 2:15). Por tanto, sería injusto afirmar que todo lo incluido en la Agenda 2030 es malo simplemente por proceder de una organización internacional.

La diferencia fundamental con el evangelio

La principal reserva desde una perspectiva cristiana es que la Agenda presenta un proyecto para transformar el mundo mediante la acción humana, política, económica, científica e institucional, pero no reconoce el problema más profundo de la humanidad: el pecado ni la necesidad de reconciliación con Dios por medio de Jesucristo.

Puede mejorar determinadas condiciones materiales, pero no puede regenerar el corazón. Puede hablar de paz, pero la paz plena no puede alcanzarse separada del Príncipe de Paz. Puede reducir algunas injusticias, pero no puede instaurar el reino de Dios mediante acuerdos internacionales.

La Escritura enseña que la verdadera renovación comienza en Cristo: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17). Por ello, ningún programa político debe confundirse con la salvación ni con el establecimiento del reino de Dios.

¿Es la Agenda 2030 Babilonia la grande?

La Biblia no permite identificar directamente la Agenda 2030 con Babilonia la grande. Apocalipsis no menciona este programa, sus diecisiete objetivos ni el año 2030. Afirmar que constituye el cumplimiento exacto de la profecía iría más allá de lo revelado.

Sin embargo, sí pueden observarse posibles semejanzas estructurales con el tipo de organización mundial que Apocalipsis describe:

Alcance mundial. La Agenda busca movilizar gobiernos, empresas, instituciones internacionales y organizaciones sociales alrededor de unos objetivos comunes. Apocalipsis 17 y 18 presenta un sistema que ejerce influencia sobre pueblos, naciones, gobernantes y comerciantes.

Cooperación política y económica. La Agenda concede una función importante a los Estados, las instituciones internacionales, el sector privado y las finanzas. Babilonia también aparece relacionada con reyes y mercaderes. Sin embargo, esta semejanza es muy general y no demuestra que ambas realidades sean idénticas.

Una visión de unidad humana. La cooperación entre naciones puede ser legítima y beneficiosa. El peligro aparece cuando esa unidad se construye independientemente de Dios, sustituye su autoridad moral o exige aceptar valores contrarios a su Palabra. La torre de Babel muestra que una humanidad unida puede utilizar su unidad tanto para el bien como para exaltarse contra el Creador (Génesis 11:1 a 9).

Capacidad futura de control. La coordinación internacional, la digitalización económica y la recopilación de datos podrían ser utilizadas injustamente por gobiernos futuros. Pero esto sería un riesgo relacionado con determinadas formas de aplicación, no una prueba de que la Agenda 2030 sea actualmente la marca de la bestia. El documento oficial no exige adorar a la bestia ni condiciona expresamente la posibilidad de comprar o vender a una confesión anticristiana, como sucede en Apocalipsis 13:15 a 17.

El punto de contacto más importante con Babilonia

La relación más profunda no se encuentra necesariamente en los objetivos sociales, sino en la posibilidad de construir una civilización mundial autosuficiente, materialista y separada de Dios.

Babilonia dice en su corazón: “Yo estoy sentada como reina” (Apocalipsis 18:7). Representa una humanidad convencida de que puede alcanzar seguridad, prosperidad y paz mediante su propio poder. Cuando un proyecto humano pretende determinar por sí mismo el bien y el mal, redefine la dignidad humana contra la voluntad del Creador o sacrifica la libertad de conciencia en nombre del bienestar colectivo, comienza a manifestar el espíritu de Babilonia.

Pero debemos distinguir entre:

  • Alimentar al hambriento, cuidar al enfermo o proteger la creación, que son propósitos legítimos.
  • Utilizar esos fines para imponer ideologías, controlar las conciencias o desplazar la autoridad de Dios, lo cual sí sería espiritualmente peligroso.

Una advertencia necesaria

No deberíamos caer en ninguno de estos dos extremos:

Aceptar indiscriminadamente todo lo que promueven las instituciones internacionales, porque algunas interpretaciones y aplicaciones pueden entrar en conflicto con la enseñanza bíblica sobre la vida, la familia, la sexualidad, la libertad religiosa o la autoridad de Dios.

Condenar automáticamente cada objetivo como satánico, porque ayudar al pobre, procurar agua limpia, combatir la explotación infantil o promover la justicia no son obras de Babilonia; son deberes que la propia Escritura enseña.

El creyente debe examinar cada medida concreta, no limitarse a aceptar o rechazar una etiqueta completa. 1 Tesalonicenses 5:21 nos ordena examinarlo todo y retener lo bueno.

Reflexión teológica y espiritual

La Agenda 2030 puede contemplarse como una manifestación de la aspiración humana a resolver problemas reales mediante una coordinación mundial. Algunos de sus objetivos expresan preocupaciones legítimas y compatibles con el amor al prójimo. Sin embargo, también revela la tendencia moderna a imaginar un futuro de justicia, paz y prosperidad sin arrepentimiento, sin redención y sin reconocer el señorío de Jesucristo.

Por eso, no afirmaría que la Agenda 2030 sea Babilonia, la bestia o su marca. Sí diría que cualquier proyecto mundial —actual o futuro— puede convertirse en instrumento del espíritu de Babilonia cuando el poder económico, político, tecnológico y cultural se concentra, se independiza de Dios y termina exigiendo una lealtad contraria a Cristo.

Nuestra confianza no debe estar puesta ni en esta Agenda ni en ningún proyecto político alternativo. Podemos apoyar aquello que sea justo y beneficioso, rechazar lo que contradiga la Palabra y conservar siempre nuestra libertad espiritual. El reino perfecto no será establecido por las Naciones Unidas, los gobiernos ni los mercados, sino por Jesucristo cuando vuelva como Rey de reyes y Señor de señores.

En conclusión: la Agenda 2030 no puede identificarse bíblicamente como Babilonia la grande, pero algunos mecanismos de coordinación global podrían facilitar en el futuro una estructura semejante si fueran utilizados para concentrar poder, imponer una moral contraria a Dios o controlar la participación económica. La vigilancia cristiana debe estar acompañada de verdad, prudencia y ausencia de alarmismo.

Juan Cid