Reflexión sobre la Resurrección de Jesús

Jesús no tuvo que bajar nuevamente del cielo para aparecerse en el camino a Emaús, porque todavía no había realizado su ascensión definitiva. Permaneció en la tierra durante cuarenta días, apareciéndose repetidamente a sus discípulos.

¿Qué significa «No me toques»?

La expresión de Juan 20:17 puede entenderse, conforme al sentido de la expresión original, como “no me retengas” o “deja de aferrarte a mí. Jesús no estaba prohibiendo todo contacto físico con su cuerpo resucitado, porque:

  • Las mujeres abrazaron sus pies en Mateo 28:9.
  • Invitó a los discípulos a palparlo en Lucas 24:39.
  • Permitió que Tomás comprobara sus heridas en Juan 20:27.

Jesús estaba enseñando a María Magdalena que no debía retenerlo como si su presencia terrenal fuera a continuar de la misma manera. Su misión todavía debía culminar con la ascensión y el envío del Espíritu Santo.

Cuando dice «aún no he subido a mi Padre», se refiere a que su ascensión gloriosa y definitiva todavía no había sucedido. La expresión siguiente, «subo a mi Padre», anuncia lo que ocurriría después, en presencia de los discípulos.

El camino a Emaús

La aparición a María Magdalena y el encuentro en el camino de Emaús sucedieron el mismo día de la resurrección.

En Lucas 24:13 a 15, dos discípulos caminaban hacia Emaús cuando Jesús se acercó a ellos. Jesús no descendió entonces del cielo: se encontraba resucitado sobre la tierra, manifestándose de manera sobrenatural cuando y donde quería. Sus ojos fueron impedidos para reconocerlo inicialmente y después lo reconocieron al partir el pan.

Cuando lo reconocieron, desapareció de su vista (Lucas 24:31). Esto no significa necesariamente que regresara al cielo, sino que su cuerpo glorificado ya no estaba sometido a las limitaciones ordinarias del cuerpo mortal.

Aparición con las puertas cerradas

Esa misma noche Jesús se presentó en medio de los discípulos. Lucas relata la aparición en Lucas 24:36 a 43, mientras que Juan 20:19 añade el detalle de que las puertas estaban cerradas por miedo a los judíos.

La Biblia no dice expresamente que atravesara la puerta. Afirma que, estando cerradas, Jesús se puso en medio de ellos. Su cuerpo era verdadero y físico, pues tenía carne y huesos, podía ser tocado y comió pescado delante de ellos; pero era ya un cuerpo resucitado, glorificado e incorruptible, no sujeto a todas las limitaciones anteriores.

Los discípulos pensaron que veían un espíritu porque la aparición fue repentina y sobrenatural. Jesús corrigió inmediatamente esa idea:

No era un espíritu desencarnado ni una visión; era el mismo Jesús resucitado corporalmente.

¿Cuándo ascendió Jesús al cielo?

La ascensión pública y definitiva sucedió cuarenta días después de la resurrección, según Hechos 1:3 y 1:9 a 11. Durante esos cuarenta días se apareció numerosas veces a sus discípulos y les habló acerca del reino de Dios.

La secuencia bíblica es, por tanto:

  1. Jesús resucitó el primer día de la semana.
  2. Se apareció a María Magdalena y a otras mujeres.
  3. Ese mismo día acompañó a los dos discípulos hacia Emaús.
  4. Aquella noche se apareció a los discípulos reunidos.
  5. Continuó apareciéndose durante cuarenta días.
  6. Finalmente ascendió al cielo ante sus discípulos.

Algunos intérpretes han propuesto que Jesús realizó una subida momentánea al Padre entre su aparición a María y las apariciones posteriores, pero la Biblia no declara que ocurriera tal ascensión intermedia. La explicación más directa es que Juan 20:17 anticipa la ascensión definitiva narrada en Hechos 1.

La enseñanza maravillosa es que el mismo Jesús que murió resucitó corporalmente, venciendo verdaderamente a la muerte. Su cuerpo glorificado podía ser visto y tocado, y con ese cuerpo ascendió después al Padre.

La resurrección de Jesús es el fundamento de la fe cristiana. No fue solamente el regreso de un muerto a la vida, sino la victoria definitiva del Hijo de Dios sobre el pecado, la muerte y el poder del sepulcro. Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe sería vana; pero Cristo ha resucitado de los muertos y se ha convertido en primicias de los que durmieron (1 Corintios 15:17 y 20).

Su resurrección confirma que su sacrificio fue aceptado por el Padre, garantiza la justificación de quienes creen en Él y anuncia nuestra propia resurrección futura (Romanos 4:25; 1 Corintios 15:22 a 23). Por eso, el sepulcro vacío no es únicamente un acontecimiento del pasado: es la certeza presente de que Jesucristo vive, reina y acompaña a sus creyentes, y de que la muerte no tendrá la última palabra.

El Cristo resucitado que caminó junto a los discípulos en Emaús continúa acercándose hoy a quienes están abatidos, abre su entendimiento para comprender las Escrituras y hace arder nuevamente sus corazones (Lucas 24:27 y 32). Nuestra esperanza no descansa en una idea, sino en una Persona viva: Jesucristo, Señor y Salvador.

Juan Cid