La amistad, un tesoro del alma
Poema inspirado en los buenos amigos
La amistad, cuando es pura,
no nace del interés ni del favor,
sino de un alma que acompaña a otra
con paciencia, verdad y amor.
El mundo llama amigo
al que celebra nuestras risas,
al que comparte caminos fáciles
y se sienta en días de brisa.
Pero la Palabra nos enseña
que el amigo verdadero permanece,
que ama en todo tiempo,
y en la angustia no desaparece.
Amigo es quien corrige sin herir,
quien escucha sin juzgar,
quien sabe guardar silencio
y también sabe aconsejar.
Es aquel que no envidia tu bendición,
ni se alegra de tu caída,
sino que ora por tu alma
y levanta tu vida.
El mundo muchas veces ofrece
amistades de apariencia y ocasión,
pero Dios nos muestra en Cristo
la amistad más alta del corazón.
Porque Jesús llamó amigos
a quienes recibieron su verdad,
y entregó su vida por amor,
con fidelidad y humildad.
Así, la amistad más hermosa
no es solo compañía terrenal,
sino reflejo del amor de Dios,
sincero, limpio y espiritual.
Que el amigo sea refugio,
luz serena en la oscuridad,
un hermano puesto por Dios
para caminar en fidelidad.
Y si el mundo olvida pronto,
si cambia el cariño por vanidad,
quede en nosotros la amistad de Cristo:
amor, perdón, verdad y eternidad.
Juan Cid.