El Pentateuco
Los comienzos de la historia de la salvación
Índice del contenido
Historia de la salvación
Introducción: los cinco libros que abren las Escrituras
El Pentateuco reúne Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Su nombre, procedente del griego, alude a cinco volúmenes; en la tradición hebrea se conoce como Torá, palabra relacionada con la enseñanza o instrucción. No es únicamente un código de leyes: es un relato que presenta al Dios creador, la condición del ser humano, la elección de una familia, el nacimiento de un pueblo y la formación de su vida delante del Señor. Las leyes aparecen dentro de esa historia y no pueden comprenderse plenamente separadas de ella.
En la introducción de la Biblia de estudio que sirve de punto de partida a este trabajo, el Pentateuco es presentado como el cimiento de toda la Biblia. Esa observación resulta especialmente fecunda: las promesas hechas a los patriarcas, el éxodo, el santuario y la necesidad de santidad establecen categorías que reaparecerán en los profetas, los Salmos y el Nuevo Testamento. Su lectura cristiana reconoce en Jesucristo el cumplimiento decisivo de las promesas divinas, sin perder de vista el sentido que tuvieron estos libros para Israel.
Génesis: la creación, la caída y el comienzo de las promesas
Génesis comienza con Dios, antes que con el ser humano. El mundo no es presentado como el resultado de una lucha entre dioses rivales, sino como creación del único Señor. La humanidad recibe dignidad al ser creada a imagen de Dios y responsabilidad al ser llamada a cuidar lo creado. La desobediencia de Adán y Eva introduce ruptura, vergüenza, sufrimiento y muerte en la historia humana. En Génesis 3:15, leído tradicionalmente por los cristianos a la luz de Cristo, aparece la primera señal de esperanza frente al poder de la serpiente.
La maldad humana se extiende, como muestran el asesinato de Abel a manos de Caín, la corrupción que precede al diluvio y la soberbia manifestada en Babel; sin embargo, la historia no termina en el juicio. Dios llama a Abram y le promete tierra, descendencia y bendición para todas las familias de la tierra (Génesis 12:1 a 3). La promesa se reafirma a Isaac y Jacob, y la providencia divina preserva a la familia mediante la historia de José. El relato de Génesis prepara así la pregunta que atraviesa los libros siguientes: ¿cómo cumplirá Dios sus promesas cuando la familia escogida se encuentre sometida en Egipto?
Éxodo: liberación, pacto y presencia de Dios
Éxodo responde mostrando que el Señor escucha el clamor de los israelitas y recuerda su pacto con Abraham, Isaac y Jacob (Éxodo 2:23 a 25). Moisés es llamado a conducir al pueblo fuera de Egipto, pero el protagonista último de la liberación es Dios. La Pascua, el paso del mar y la marcha por el desierto enseñan que Israel no se salva por su poder, sino por la intervención divina.
En el Sinaí, el pueblo recibe la ley después de haber sido liberado. Este orden es importante: la obediencia se presenta como respuesta a la gracia y como expresión de la relación de pacto, no como el medio por el que Israel produjo su propia liberación. El tabernáculo ocupa un lugar central porque manifiesta la voluntad divina de habitar en medio de su pueblo (Éxodo 25:8). Incluso tras el pecado del becerro de oro, el relato muestra la gravedad de la idolatría y la misericordia de Dios. Para la fe cristiana, la Pascua y la presencia divina encuentran una profundidad nueva en Jesucristo (1 Corintios 5:7; Juan 1:14).
Levítico: santidad, sacrificio y reconciliación
Levítico se desarrolla alrededor de una pregunta: ¿cómo puede un pueblo pecador vivir en la presencia de un Dios santo? Sus instrucciones sobre sacrificios, sacerdocio, pureza y vida comunitaria deben leerse en el marco del pacto. El mandato «seréis santos, porque yo soy santo» (Levítico 19:2) alcanza la conducta personal y el trato justo al prójimo, al extranjero y al vulnerable.
El Día de la Expiación, descrito en Levítico 16, concentra el lenguaje de purificación y reconciliación. La carta a los Hebreos interpreta el sacerdocio y los sacrificios de Israel como anticipaciones de la obra suficiente y definitiva de Cristo (Hebreos 9 y 10). Esto no significa que cada detalle ritual admita una equivalencia automática, sino que el conjunto de estas instituciones ayuda a comprender la gravedad del pecado y la necesidad de acercarse a Dios por el medio que Él dispone.
Números: la fidelidad de Dios ante la incredulidad humana
Números narra el camino desde el Sinaí hacia la tierra prometida, marcado por censos, organización del campamento, desplazamientos y repetidas rebeliones. La negativa del pueblo a confiar en la promesa, después del informe de los exploradores, desemboca en una prolongada permanencia en el desierto (Números 13 y 14). El libro no oculta los fracasos de Israel ni los de sus dirigentes.
Sin embargo, la infidelidad humana no anula la fidelidad del Señor. En medio de las consecuencias del pecado, Dios sostiene a la comunidad y preserva la esperanza. Jesús mismo relacionó la serpiente levantada por Moisés con su propia entrega (Números 21:4 a 9; Juan 3:14 a 15). La aplicación espiritual es profunda: el pueblo necesita aprender a confiar en Dios, no solo a recordar sus intervenciones pasadas.
Deuteronomio: memoria, amor y renovación del compromiso
Deuteronomio presenta a Moisés instruyendo a una nueva generación antes de entrar en Canaán. La memoria del éxodo y del desierto se convierte en exhortación: Israel ha de amar al Señor con todo su corazón, toda su alma y todas sus fuerzas (Deuteronomio 6:4 a 5). La fidelidad no se reduce a una observancia exterior; exige recordar quién es Dios y vivir conforme a su voluntad.
El libro expone bendiciones y consecuencias de la desobediencia, llama a escoger la vida y anuncia la necesidad de un corazón verdaderamente dispuesto a obedecer (Deuteronomio 30:6, 19 a 20). También habla de un profeta semejante a Moisés (Deuteronomio 18:15), pasaje que el Nuevo Testamento aplica a Jesús (Hechos 3:22 a 23). El Pentateuco concluye con la muerte de Moisés, dejando abierta la expectativa de la entrada en la tierra y del cumplimiento ulterior de las promesas.
La promesa de Dios a Abraham: el hilo que une los cinco libros
La introducción original destaca con acierto que la promesa a Abraham sostiene el argumento del Pentateuco. Tierra, descendencia y bendición no aparecen como temas aislados. En Génesis se anuncian; en Éxodo se forma y libera al pueblo; en Levítico se ordena su comunión con Dios; en Números se pone a prueba su confianza; y en Deuteronomio se prepara su vida en la tierra prometida. Al terminar estos cinco libros, el cumplimiento es real pero todavía incompleto.
La promesa de bendición para todas las familias de la tierra impide reducir el propósito divino a una sola nación. Pablo explica que en Cristo las naciones reciben la bendición prometida a Abraham (Gálatas 3:8, 14, 16). Esta lectura no elimina la historia particular de Israel, sino que muestra cómo Dios quiso obrar por medio de ella para alcanzar a los pueblos.
La ley, la gracia y el cumplimiento en Jesucristo
El Pentateuco revela la santidad y la justicia de Dios, así como la incapacidad humana de permanecer fiel por sus propias fuerzas. No conviene contraponer simplistamente un Antiguo Testamento de ley a un Nuevo Testamento de gracia: la gracia ya está presente cuando Dios llama a Abraham, perdona a su pueblo y lo rescata de Egipto. La ley, por su parte, expresa el carácter del Dios que ha establecido su pacto.
Jesús declaró que no había venido a abrogar la Ley o los Profetas, sino a cumplirlos (Mateo 5:17). Después de su resurrección explicó a sus discípulos las Escrituras a la luz de su muerte y victoria sobre la muerte (Lucas 24:27, 44 a 47). En Cristo, la historia iniciada en el Pentateuco alcanza su centro redentor; su culminación plena, sin embargo, espera la restauración definitiva de todas las cosas.
Autoría, fechas y lectura responsable
La tradición judía y cristiana ha asociado históricamente el Pentateuco con Moisés, y las propias Escrituras atribuyen a Moisés la transmisión y escritura de determinadas leyes y acontecimientos (por ejemplo, Éxodo 24:4 y Deuteronomio 31:9). No obstante, el texto también contiene la narración de su muerte y otras indicaciones que han dado lugar a debates sobre su composición y transmisión. Existen distintas propuestas sobre las fechas de los patriarcas y del éxodo, por lo que conviene distinguir los datos expresos del relato bíblico de las reconstrucciones cronológicas posteriores. Para nuestro propósito es suficiente distinguir entre el testimonio teológico del texto, las tradiciones sobre su autoría y las reconstrucciones históricas debatidas. La fidelidad a la Biblia no exige convertir en certezas cuestiones sobre las que las fuentes no permiten una conclusión definitiva.
Resumen teológico y espiritual
El Pentateuco anuncia que Dios es el creador santo y misericordioso que no abandona su propósito ante el pecado humano. Su respuesta se desarrolla mediante promesas, elección, liberación, pacto e instrucción. La historia de Israel deja ver tanto la fidelidad del Señor como la necesidad de una redención más profunda que la salida de Egipto o la posesión de una tierra.
Para los creyentes, estos libros invitan a confiar en las promesas de Dios, rechazar la idolatría, practicar la justicia y vivir agradecidos por su gracia. Leídos a la luz del Nuevo Testamento, conducen a Jesucristo, en quien la bendición prometida a Abraham se abre a todas las naciones y en quien encontramos al Mediador definitivo. Así, los comienzos de la historia bíblica no quedan atrás: iluminan el sentido de la salvación que Dios ha llevado a cabo en su Hijo.
Fuente y criterio editorial
Este estudio ha sido elaborado tomando como referencia la “Introducción al Pentateuco” de la Biblia de Estudio Teológico, con texto bíblico Reina-Valera 1960 y materiales de estudio procedentes de la ESV Study Bible.
El contenido ha sido revisado, reorganizado y ampliado con explicaciones bíblicas, teológicas y espirituales, procurando mantener la fidelidad a las Escrituras y facilitar su comprensión a todos los lectores.
Juan Cid