Dante Alighieri
El Purgatorio
Resumen literario de la obra
Índice del contenido
Resumen general y valoración bíblica
El Purgatorio constituye la segunda parte de La divina comedia y está compuesto por treinta y tres cantos. Dante lo representa como una elevada montaña situada en el hemisferio opuesto a Jerusalén.
Después de salir del Infierno, Dante y Virgilio contemplan nuevamente el cielo y comienzan una ascensión. El cambio de paisaje es evidente: frente a la oscuridad y desesperación infernales, el Purgatorio posee luz, música, oración y esperanza.
Las almas que se encuentran allí, según la doctrina católica medieval seguida por Dante, están destinadas a salvarse, pero deben ser purificadas antes de contemplar a Dios. Esta concepción constituye el fundamento de toda esta parte de la obra, aunque no está enseñada en la Biblia.
El comienzo de la ascensión
Al llegar a la montaña, Dante y Virgilio encuentran a Catón de Útica, político romano que se quitó la vida antes de someterse a Julio César. Dante lo convierte en guardián del Purgatorio y símbolo de libertad.
Esta elección resulta sorprendente porque Dante había situado a los suicidas en el Infierno. Catón constituye una excepción poética deliberada: el autor destaca en él el amor a la libertad, aunque su presencia no responde plenamente a la doctrina cristiana medieval que estructura el poema. La admiración de Dante por la libertad y la resistencia política de Catón parece pesar más que otras consideraciones.
Antes de comenzar el ascenso, Virgilio lava el rostro de Dante y lo ciñe con un junco, símbolo de humildad. El peregrino debe abandonar las huellas del Infierno y reconocer que no podrá acercarse a Dios mediante el orgullo.
El Antepurgatorio
En las primeras laderas aparecen almas que demoraron su arrepentimiento, estuvieron excomulgadas o murieron violentamente después de volverse a Dios en sus últimos instantes. Aunque han recibido finalmente la salvación dentro del poema, deben esperar antes de comenzar su purificación.
Entre ellas se encuentra Manfredo de Sicilia, quien declara haberse vuelto a Dios en sus últimos momentos. Dante utiliza su historia para enseñar que la misericordia divina puede superar las condenas pronunciadas por las autoridades religiosas.
Esta idea posee un elemento valioso: ninguna institución humana puede cerrar la puerta que Dios decide abrir. La excomunión eclesiástica no determina por sí misma el destino eterno de una persona.
Sin embargo, la Biblia no enseña que quienes se arrepienten tarde deban esperar durante años en un lugar intermedio. El ladrón arrepentido recibió de Jesús la promesa de estar con Él en el paraíso aquel mismo día (Lucas 23:42 a 43).
La entrada en el Purgatorio
Un ángel graba en la frente de Dante siete letras que representan los siete pecados capitales. A medida que asciende por las distintas terrazas, cada marca es borrada.
Los siete pecados son:
- La soberbia.
- La envidia.
- La ira.
- La pereza espiritual.
- La avaricia.
- La gula.
- La pasión sexual desordenada.
La montaña funciona como un proceso de transformación. Cada terraza corrige un amor desordenado y prepara al peregrino para continuar ascendiendo.
Esta estructura procede de la teología moral medieval. La Biblia habla de todos estos pecados, aunque no los reúne oficialmente en una lista de siete ni enseña que sean purificados después de la muerte mediante penas temporales.
La soberbia
En la primera terraza, los soberbios caminan inclinados bajo enormes piedras. Quienes quisieron elevarse por encima de los demás deben aprender ahora a humillarse.
Dante considera la soberbia como la raíz fundamental de los restantes pecados. Cuando el ser humano se coloca en el centro, comienza a utilizar los bienes, los deseos y a las demás personas para su propia exaltación.
Bíblicamente, la humildad es esencial en la vida cristiana. Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes (Santiago 4:6). Sin embargo, esta transformación debe comenzar durante nuestra vida mediante el arrepentimiento y la obra del Espíritu Santo.
La envidia y la ira
Los envidiosos llevan los ojos cerrados con alambres porque contemplaron con resentimiento el bien ajeno. Apoyados unos en otros, aprenden aquello que no practicaron: solidaridad y amor fraternal.
Los iracundos caminan dentro de un humo espeso que les impide ver, representación de cómo la ira oscurece el juicio.
Estas imágenes poseen un gran valor moral. La envidia se entristece ante la bendición ajena, mientras que el amor se alegra con quienes se alegran. La ira, por su parte, puede impedirnos contemplar con claridad tanto al prójimo como nuestra propia responsabilidad.
Pero la Biblia no enseña que estos defectos sean corregidos después de morir. Nos llama ahora a abandonar la envidia, la amargura y la ira, y a revestirnos de misericordia y amor (Colosenses 3:8 a 14).
La pereza espiritual
Las almas relacionadas con la pereza corren continuamente, animándose unas a otras mediante ejemplos de diligencia.
No se trata únicamente de falta de actividad física, sino de una indiferencia interior hacia el bien. La persona reconoce aquello que debe amar y realizar, pero carece de disposición para responder.
Dante entiende que el amor verdadero produce movimiento. Cuando amamos correctamente a Dios y al prójimo, no permanecemos espiritualmente inmóviles.
La Escritura también exhorta a no ser perezosos, sino fervientes en espíritu y servidores del Señor (Romanos 12:11).
La avaricia y la prodigalidad
Los avaros permanecen tendidos con el rostro contra el suelo. Durante su vida dirigieron su mirada hacia los bienes terrenales; ahora deben aprender a mirar en otra dirección.
En esta terraza, la montaña tiembla cuando un alma termina su purificación y queda libre para continuar hacia el cielo. Dante conoce al poeta latino Estacio, quien explica que había sido culpable de prodigalidad, el extremo contrario de la avaricia, y que corrigió su conducta gracias a un pasaje de Virgilio. También afirma haber abrazado secretamente la fe cristiana por la influencia indirecta de sus escritos.
No existe prueba histórica firme de que Estacio fuera cristiano. Dante transforma su vida para convertirlo en símbolo de una persona conducida hacia la fe mediante una obra cuyo autor no conoció plenamente sus propios efectos.
La gula y los deseos
Los glotones aparecen extremadamente delgados frente a árboles cargados de frutos que no pueden alcanzar. Deben aprender a gobernar el apetito y reconocer que el deseo no debe dominar la voluntad.
En la terraza siguiente, quienes fueron vencidos por la pasión atraviesan un muro de fuego. Dante presenta este fuego como la última purificación antes de llegar al Paraíso terrenal.
Estas penas responden al pensamiento católico medieval y no deben confundirse con el juicio bíblico. La santificación cristiana es obra de Dios en los creyentes durante su vida, no un proceso de sufrimiento expiatorio posterior a la muerte.
Virgilio, Estacio y Dante
Durante gran parte de la ascensión, Dante está acompañado por Virgilio y Estacio. Virgilio continúa representando la razón; Estacio simboliza la transición entre la cultura clásica y la fe cristiana.
Sin embargo, Virgilio no puede entrar en el Paraíso. Cuando Dante completa la ascensión moral, su guía le declara que su voluntad ha sido liberada y que ya puede seguir adelante.
La despedida de Virgilio resulta especialmente conmovedora. La razón ha llevado al peregrino hasta el límite de sus posibilidades, pero no puede concederle la visión de Dios.
Desde la perspectiva bíblica, la razón es un don valioso, pero la salvación no procede de la filosofía ni de la sabiduría humana. Dios se da a conocer plenamente en Jesucristo y abre el entendimiento mediante su Palabra y su Espíritu.
El Paraíso terrenal y Beatriz
En la cima de la montaña se encuentra el Paraíso terrenal, representación del jardín del Edén. Allí Dante conoce a Matelda y presencia una procesión llena de símbolos bíblicos y eclesiásticos.
Finalmente aparece Beatriz. Dante espera recibir consuelo, pero ella lo reprende por haberse apartado del buen camino después de su muerte. El peregrino reconoce su culpa, llora y confiesa su extravío.
Dante es sumergido en el río Leteo y después bebe de las aguas del Eunoé. El primero borra el recuerdo culpable del pecado; el segundo fortalece la memoria del bien. Después queda preparado para ascender a las estrellas.
Estos ríos y sus funciones no aparecen en el relato bíblico del Edén. Son elementos procedentes de la tradición clásica y de la reelaboración poética de Dante, para representar el perdón y la restauración interior.
La procesión simbólica
La gran procesión del Paraíso terrenal contiene candelabros, ancianos, criaturas vivientes, un carro y un grifo. Dante combina imágenes tomadas principalmente de Ezequiel y Apocalipsis.
El grifo, criatura con naturaleza de águila y león, representa en el poema las dos naturalezas de Cristo: divina y humana. El carro simboliza a la Iglesia, entendida aquí desde la concepción institucional medieval de Dante.
No obstante, debemos recordar que, bíblicamente, la Iglesia es el conjunto de los creyentes unidos a Cristo, no esencialmente una institución, una jerarquía o un edificio.
La procesión también muestra cómo la comunidad religiosa puede corromperse cuando se une al poder político, busca riquezas o abandona su fidelidad a Cristo. En este punto, Dante realiza una severa denuncia de la corrupción eclesiástica de su época.
¿Enseña la Biblia el purgatorio?
La Biblia no enseña que los creyentes deban sufrir después de la muerte para completar su purificación. La obra redentora de Cristo es plena y suficiente.
Cristo llevó nuestros pecados en la cruz (1 Pedro 2:24).
Su sangre nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7).
Mediante una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:14).
Pablo expresa su deseo de estar ausente del cuerpo y presente al Señor (2 Corintios 5:8).
El purgatorio tampoco debe confundirse con el Tribunal de Cristo. En 1 Corintios 3:12 a 15, las obras del creyente son examinadas y puede haber recompensa o pérdida, pero el pasaje no describe almas sufriendo para expiar pecados.
La salvación descansa enteramente en Jesucristo. Añadir una purificación mediante sufrimientos después de la muerte debilita la suficiencia de su sacrificio.
Valor literario y espiritual
Aunque su doctrina central no es bíblica, el Purgatorio posee imágenes de gran belleza sobre la humildad, el arrepentimiento, el dominio propio y la transformación de los deseos.
La montaña simboliza el abandono progresivo de aquello que impide amar correctamente. Dante comprende que el pecado no es solamente quebrantar una norma, sino permitir que nuestro amor se dirija de manera desordenada hacia nosotros mismos, los bienes o los placeres.
La diferencia fundamental está en el momento y en el medio de esa transformación. Dante la sitúa después de la muerte mediante sufrimientos purificadores. La Biblia la sitúa en esta vida mediante el arrepentimiento, la Palabra de Dios y la acción santificadora del Espíritu Santo.
Por tanto, podemos conservar la fuerza moral de sus símbolos sin aceptar su fundamento doctrinal.
Sentido general del Purgatorio
El Purgatorio describe un ascenso desde el desorden interior hasta la libertad. Las almas abandonan progresivamente la soberbia, la envidia, la ira, la pereza, la avaricia, la gula y los deseos sexuales desordenados.
Pero, desde la enseñanza bíblica, el creyente no espera ser purificado después de morir. Es llamado a caminar ahora en novedad de vida, confiando en que Dios continuará su obra hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).
La montaña del Purgatorio es una poderosa creación poética; la verdadera purificación del pecado, sin embargo, no procede del sufrimiento después de la muerte, sino de la sangre de Jesucristo y de la obra santificadora del Espíritu Santo en quienes creen.
Fuentes y bibliografía
Dante Alighieri. Divina comedia. Purgatorio, cantos I a XXXIII.
Anna Maria Chiavacci Leonardi. Commedia. Purgatorio. Mondadori.
Erich Auerbach. Dante, poeta del mundo secular. Acantilado.
Jorge Luis Borges. Nueve ensayos dantescos.
Santa Biblia, Reina-Valera 1960.
Juan Cid